
Si en un día caluroso y seco se produjera un incendio dentro de una determinada extensión de 121 mil 400 hectáreas en el noroeste de Montana, en una extensión de campo entre la cresta de la Cordillera Whitefish y los picos tallados por glaciares que abrazan a la Gran Divisoria continental, es muy probable que Leif Haugen sea la primera persona en verlo.
Haugen ha trabajado durante más de la mitad de sus 52 años como vigilante de incendios, escudriñando el paraje de alerces y pinos desde una cabaña de una sola habitación en la cima de una montaña. Solo la mayor parte del tiempo con únicamente sus pensamientos, su perro Ollie, y voces en la radio como compañía, es parte de un grupo nacional de observadores profesionales que, como los fareros, hacen guardia solitaria entre la civilización y los caprichos insensibles de la naturaleza.
Y cada vez más, se halla también en otra divisoria: entre los empleos humanos y la automatización. Mientras los administradores de tierras buscan herramientas nuevas para lidiar con la amenaza de incendios forestales catastróficos, que está aumentando en el oeste de Estados Unidos a medida que el planeta se calienta y se construyen más viviendas cerca de lugares vulnerables, los días de los vigilantes podrían estar contados. Randy Moore, jefe del Servicio Forestal de EE. UU., dijo a los legisladores en marzo que la agencia se estaba alejando de los humanos en las torres de vigilancia. El futuro de la detección de incendios, afirmó, son las cámaras.
Un portavoz, Scott Owen, se negó a decir si el Servicio Forestal tenía planes específicos para reducir su número de vigías. Sin embargo, sus filas ya han disminuido considerablemente desde antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando miles de guardabosques estaban destacamentados en las cimas de las colinas en la guerra de la joven agencia contra el fuego. Hoy, el servicio cuenta con sólo 71 vigías en Washington y Oregon; 59 en California; y 52 en Montana, el norte de Idaho y el noroeste de Wyoming, dijo Owen.
Sin embargo, como le dirán los funcionarios del noroeste de Montana, hay razones por las que los vigilantes no están listos para desaparecer. La labor de Haugen no es simplemente localizar incendios, aunque dice que puede hacerlo en una gama más amplia de condiciones que los helicópteros (que no pueden sobrevolar sin peligro durante tormentas), con mayor precisión en algunos casos que los aviones (que no pueden maniobrar fácilmente en valles estrechos) y, en ocasiones, con mayor precisión que los satélites (que pueden confundir rocas calentadas por el Sol con fuego). También transmite mensajes entre despachadores y bomberos en cañones donde las montañas bloquean las señales de radio y celulares.
Realiza un seguimiento de los cambios climáticos locales y sirve como vigía de seguridad para las cuadrillas en tierra, alertándolos sobre incendios que podrían cambiar en dirección suya y planeando rutas de escape.
Los incendios forestales se desarrollan en terrenos difíciles, en condiciones que cambian rápidamente y con una gran cantidad de posibilidades aleatorias. En lugares como Glacier, los funcionarios deben decidir si dejar que arda un incendio podría proporcionar beneficios ecológicos o si es lo suficientemente amenazador como para poner en riesgo a los bomberos.
La nueva tecnología ayuda en estas decisiones, dijo Andy Huntsberger, oficial de manejo de incendios del distrito en Flathead. Pero “no reemplaza el elemento humano”, afirmó. Desde 1998, el número de torres de vigilancia con personal en Glacier y Flathead ha aumentado de 5 a 12.
Nadie duda de que las cámaras son cada vez mejores para detectar humo. Los científicos también están mejorando en el monitoreo de incendios forestales desde el espacio, aunque los satélites todavía tienen grandes limitaciones. Los principales orbitadores de observación de incendios usados por la NASA y el Servicio Forestal pueden observar el mismo lugar en EU sólo unas cuantas veces al día, y no siempre desde un buen ángulo. Así que aún después de que un incendio es lo suficientemente grande como para ser detectado, pueden pasar hasta 12 horas antes de que un satélite lo detecte y procesen los datos, dijo Louis Giglio, profesor de la Universidad de Maryland que trabaja con la NASA.
Los satélites meteorológicos que se encuentran sobre la misma región pueden localizar puntos calientes más rápidamente, pero funcionan mejor en tierras abiertas y llenas de matorrales que en bosques, dijo Ryan Leach, del Servicio Meteorológico Nacional en Montana.
Canadá, que ha tenido una temporada récord de incendios forestales, se está preparando para lanzar satélites dedicados al monitoreo de incendios en el 2029. Startups en Israel y Alemania están construyendo sistemas de alerta temprana con base en satélites. Sin embargo, detectar los incendios antes podría no ser el mayor beneficio, afirmó Giglio. En cambio, los datos de los nuevos orbitadores podrían mejorar los modelos de cómo se propagan los incendios. Esto podría ayudar a los funcionarios a planear mejor las evacuaciones y ayudar a los administradores de tierras a realizar más raleos en los bosques densos.
“Se requiere cierto tipo de persona” para ser un vigía, afirmó Haugen. “Mucha gente piensa: ‘Ay, yo podría hacer eso’. Y lo hacen durante un año y no aguantan”.
Por: RAYMOND ZHONG
The New York Times
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